Gracias a los datos de encuestas y sondeos sabemos el grado de preocupación que despierta en la población el fenómeno de la corrupción. Dicho esto, el desafío de todo gobierno es promover iniciativas y programas anticorrupción que se anticipen a los cambios que este comportamiento va adquiriendo. En México, el 22% de las personas cree que la corrupción es uno de los tres temas que más les preocupa, después de la seguridad y la economía.
La legislación sobre acceso a la información pública y rendición de cuentas tiene apenas dos décadas, pero ha sido fundamental para construir muros que inhiben la corrupción, basados en una cultura ciudadana que requiere conocimiento de cómo funcionan las instituciones y cómo gastan el público. Pero el compromiso contra la corrupción no termina aquí; Como todo fenómeno social, hay mucho que investigar sobre cómo afecta de manera diferente a la población.
En el marco del Día Internacional contra la Corrupción establecido en 2003 por la Asamblea de las Naciones Unidas, se reiteran cifras y datos sobre los daños económicos que causa a los países, sobre su cuantificación en términos de PIB y sobre la percepción social que existe respecto de su ejercicio. Conocemos el alcance económico de la corrupción, pero debemos profundizar con gafas violetas en su dimensión social.
La corrupción es una de las manifestaciones de la desigualdad, especialmente en la forma en que discrimina y perjudica a mujeres y hombres de manera diferente. Se intensifica con aquellas personas que están en mayor desventaja socioeconómica y menos capaces de reclamar sus derechos. La desigualdad económica juega un papel determinante. La falta de oportunidades que miles de mujeres tienen en el ámbito educativo, sanitario, político y laboral perpetúa su exclusión y las condiciones estructurales en las que viven.
Teniendo en cuenta estos elementos, un grupo de empleadas públicas, académicas, empresarias y especialistas en temas de género, transparencia, rendición de cuentas y lucha contra la corrupción, se propusieron explorar y problematizar el impacto e implicaciones que este fenómeno tiene para las mujeres tanto en su ámbito familiar y dinámicas comunitarias y como sujetos de derechos.
El resultado fue excepcional: hace unos días se publicó el libro y lo presentamos en la FIL Guadalajara. Las mujeres y la lucha contra la corrupción. ¿Cómo nos afecta la corrupción y qué hacemos para combatirla?, un trabajo que visibiliza las múltiples formas en que la corrupción afecta de manera diferente a las mujeres, prestando especial atención a las desigualdades y brechas de género desde una perspectiva interseccional, crítica y diversa.
Es un texto pionero en México que explora las relaciones entre género y corrupción, así como la doble dimensión de las mujeres, como víctimas y como agentes anticorrupción. Los ensayos se basan en un análisis serio y riguroso para generar propuestas que ayuden a comprender la simbiosis entre corrupción y género entre el derecho penal, el trabajo de los organismos públicos, propuestas para tipificar la corrupción sexual y la extorsión, la desigualdad económica como factor que fomenta prácticas corruptas. o la necesidad de concebir y adoptar una ética feminista y principios de integridad.
Estoy muy orgulloso de haber dado vida a este texto, espero que signifique cambios legales, sociales y administrativos que también combatan la corrupción y las desigualdades.
@ClauCorichi


