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Nueva reforma de custodia compartida de mascotas aprobada por el Congreso de la CDMX

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El Congreso de la Ciudad de México aprobó una reforma que marca un precedente en materia legal y de bienestar animal. Bajo el nombre “¿Con quién se queda el perro?”, la modificación al Código Civil establece que en casos de divorcio los animales de compañía podrán contar con un esquema de custodia compartida, garantizando así su cuidado, seguridad y una vida digna. Con esta decisión, la capital del país se convierte en la primera entidad en reconocer a las mascotas como seres sintientes con derecho a un plan de cuidados en situaciones de separación conyugal.

Bienestar animal como prioridad legal

La enmienda aprobada refleja una transformación en la visión social respecto a los animales, quienes son vistos cada vez más como miembros esenciales de las familias. El fallo determina que, al decidir los aspectos de un divorcio, los jueces deben considerar un plan que incluya el cuidado, sostenimiento y condiciones de vida de los animales de compañía. Este plan considerará factores como la disponibilidad de tiempo de cada individuo, los recursos financieros y la habilidad para asegurar un ambiente seguro y apropiado.

El debate legislativo estuvo marcado por la reflexión sobre los vínculos afectivos que las personas mantienen con sus animales de compañía. De acuerdo con los argumentos presentados en el Pleno, estos lazos se han profundizado con el paso del tiempo, en particular entre sectores de la población que optan por no tener hijos y que encuentran en sus mascotas una relación de compañía y afecto equiparable a la de un integrante más de la familia.

Reconocimiento a los animales como seres sintientes

La iniciativa fue promovida por la legisladora Luisa Fernanda Ledesma Alpízar, de Movimiento Ciudadano, quien destacó que la Ciudad de México da un paso pionero al reconocer en la legislación local a los animales como seres sintientes. Este reconocimiento implica que el bienestar animal no se limite a un asunto de propiedad, sino que adquiere carácter jurídico y moral en los procesos de separación.

El diputado Royfid Torres González subrayó durante la discusión que este tipo de reformas responden a una realidad social en la que los animales son tratados con un nivel de cuidado y afecto que los coloca en una posición central dentro de los hogares. Señaló que, al no contar con un marco legal claro, en muchos divorcios el destino de las mascotas quedaba sujeto únicamente a acuerdos informales, lo que generaba incertidumbre sobre su futuro y condiciones de vida.

Custodia compartida como solución integral

La propuesta “¿Quién se queda con el perro?” sugiere que, de forma similar a la custodia de los niños, los acuerdos de divorcio puedan contemplar compromisos específicos para el cuidado y la permanencia de los animales. Así, se pretende asegurar que las mascotas mantengan estabilidad física y emocional, evitando que sean perjudicadas indirectamente por los procesos de ruptura.

El régimen de tenencia compartida posibilitará que ambas partes conserven vínculos con sus mascotas, siempre que las circunstancias lo permitan. Los magistrados podrán decidir el plan más adecuado para cada situación, evaluando no solo la solvencia económica, sino también el compromiso y la habilidad de asegurar un ambiente sano.

Una transformación que ilustra el desarrollo social

La aprobación de esta reforma refleja un cambio significativo en la forma en que la sociedad mexicana entiende la relación con los animales de compañía. Lejos de ser considerados simples bienes materiales, ahora se reconocen como seres que requieren protección jurídica frente a circunstancias que pueden afectar su bienestar.

Con este avance, la Ciudad de México se coloca a la vanguardia en materia de legislación sobre bienestar animal y establece un precedente que podría inspirar a otras entidades del país a adoptar medidas similares. La iniciativa no solo atiende una demanda social creciente, sino que también reafirma la importancia de reconocer a los animales como parte de la estructura familiar moderna.

Por Lourdes Solórzano Hinojosa