El nuevo plan fiscal propuesto en Estados Unidos por el expresidente Donald Trump no representa una amenaza directa para la economía mexicana, según lo afirmó el secretario de Economía. Durante una reciente conferencia, sostuvo que la estrategia fiscal norteamericana —que busca atraer inversiones mediante estímulos y deducciones tributarias— no afectará el proceso de relocalización de empresas en territorio mexicano ni socavará la competitividad de la industria nacional.
Según explicó, los elementos que hacen de México un destino atractivo para la inversión, como los costos laborales competitivos, la cercanía geográfica con Estados Unidos y la infraestructura industrial, permanecen firmes y no serán alterados por ajustes fiscales en el país vecino. En ese sentido, aseguró que el nearshoring continúa siendo una tendencia favorable para la economía nacional, con empresas que siguen trasladando operaciones desde Asia hacia México.
El plan fiscal de Trump contempla importantes recortes impositivos para empresas que decidan producir en territorio estadounidense, como parte de una política económica nacionalista que busca estimular el empleo interno y reducir la dependencia de importaciones. No obstante, desde la Secretaría de Economía se considera que estas medidas tendrían un impacto limitado, ya que los cambios beneficiarían principalmente a grandes corporaciones que ya operan dentro de Estados Unidos, sin alterar las condiciones estructurales que favorecen la manufactura mexicana.
Uno de los puntos destacados por el secretario es que, aunque las deducciones fiscales puedan alterar algunos balances contables, no modifican los costos reales de operación, donde México mantiene ventajas considerables. Además, el funcionario subrayó que México tiene un acceso privilegiado al mercado estadounidense gracias al T-MEC, lo que representa un factor clave frente a otros países que deben enfrentar aranceles elevados para exportar al mismo destino.
De hecho, comparó la situación de México con la de países como Vietnam, que enfrentan tasas arancelarias que oscilan entre el 35 % y el 40 % para ciertos productos, mientras que la mayoría de las exportaciones mexicanas están exentas de tarifas o pagan un arancel promedio del 6 %, gracias al marco regulatorio del tratado comercial vigente entre los tres países de América del Norte.
Asimismo, se destacó que la integración de cadenas de suministro entre México, Estados Unidos y Canadá hace que la relocalización de empresas tenga sentido logístico y financiero dentro de la región. En esa lógica, la política fiscal estadounidense podría incluso reforzar ciertas colaboraciones productivas transfronterizas, antes que provocar una salida masiva de inversiones de México hacia el norte.
El secretario también recordó que México sigue avanzando en la promoción de sectores estratégicos como la electromovilidad, la manufactura avanzada y la industria de semiconductores, que ya atraen interés de empresas globales gracias a programas de incentivos nacionales y al potencial de desarrollo tecnológico local.
Aunque Trump ha mantenido un tono fuerte respecto a la devolución de empleos, el representante expresó confianza en que los cimientos económicos continuarán apoyando el desarrollo industrial de México. Señaló que las propuestas fiscales de Estados Unidos aún requieren atravesar procesos legislativos complicados, lo que vuelve incierta su repercusión definitiva.
En ese contexto, reiteró que México mantendrá vigilancia sobre los cambios fiscales en Estados Unidos y ajustará sus políticas si es necesario, siempre con la intención de preservar la estabilidad macroeconómica y el atractivo para la inversión extranjera directa.

