En un esfuerzo sin precedentes, delegaciones de 179 países se han reunido en la sede de las Naciones Unidas en Ginebra para avanzar en la elaboración de un tratado internacional jurídicamente vinculante que enfrente de manera integral la contaminación plástica. Las sesiones, que se celebran del 5 al 14 de agosto, marcan una etapa crítica en el proceso negociador iniciado en 2022 con el mandato de poner fin a la crisis global del plástico.
En el transcurso de estos diez días laborales, más de 1.900 personas —incluyendo delegados estatales, investigadores, organizaciones de observación, defensores del medio ambiente y representantes de la industria— analizarán cuidadosamente un borrador de 22 páginas que sugiere 32 artículos destinados a gestionar todo el ciclo de vida del plástico, desde su concepción hasta su desecho.
Un desafío ambiental, económico y sanitario en expansión
El impacto del plástico es preocupante. En 2024 se utilizaron más de 500 millones de toneladas de plástico, y cerca de 399 millones terminaron como desechos. Sin acciones urgentes, se proyecta que para 2060 esta cantidad podría multiplicarse por tres, causando efectos negativos en los ecosistemas, las economías de los países y la salud de millones de individuos.
Los riesgos para la salud humana también se han vuelto cada vez más evidentes. Los efectos negativos de los plásticos se extienden a lo largo de todo su ciclo de vida, afectando especialmente a poblaciones vulnerables como los niños y los bebés. Las enfermedades asociadas al plástico no solo suponen una carga sanitaria creciente, sino que generan un impacto económico global estimado en más de 1,5 billones de dólares anuales.
Frente a este panorama, los delegados reunidos en Ginebra coinciden en que el reciclaje, por sí solo, no será suficiente. La meta es una transformación profunda hacia una economía circular que reduzca la producción de plásticos innecesarios y promueva alternativas sostenibles.
Un tratado de alcance histórico
El tratado que se discute en Ginebra ha sido comparado en importancia con el Acuerdo de París sobre cambio climático. La intención es clara: establecer un marco legal sólido y global que permita reducir las fugas de plásticos al medio ambiente y establecer regulaciones estrictas sobre su producción, comercialización y gestión.
El borrador inicial sugiere que el acuerdo futuro incluya todos los aspectos del ciclo del plástico y promueva actividades que aseguren su circularidad. Este enfoque holístico se percibe como crucial para alcanzar resultados duraderos y sostenibles. Sin embargo, las discusiones están bajo mucha presión debido a países que tienen intereses en la producción de combustibles fósiles, los cuales son esenciales para la creación de plásticos. Estas naciones tratan de reducir el alcance del tratado o de añadir cláusulas para mitigar sus efectos legales.
Aunque se enfrentan a estos problemas, los delegados de gobiernos dedicados a la defensa del medio ambiente, junto con entidades científicas y sociales, enfatizan la importancia de implementar inmediatamente una estrategia audaz para detener la amenaza creciente del plástico.
Buscando un acuerdo antes de 2026
El encuentro en Ginebra forma parte de un plan estratégico que inició en Uruguay en 2022 y ha abarcado importantes sesiones en Francia, Kenia, Canadá y Corea del Sur. Estas reuniones han facilitado la consolidación de los aspectos técnicos, legales y políticos que integrarán el documento final del tratado.
La organización está bajo la dirección de Jyoti Mathur-Filipp, quien es la secretaria ejecutiva del Comité Intergubernamental de Negociación, mientras que la presidencia está en manos del embajador de Ecuador, Luis Vayas Valdivieso. Juntos encabezan las iniciativas diplomáticas para lograr un acuerdo global antes de que termine el año 2025.
Los expertos advierten que, de no alcanzarse un acuerdo ambicioso, las consecuencias serán difíciles de revertir. El Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente estima que, si no se actúa, el coste económico de la contaminación plástica podría alcanzar los 281 billones de dólares entre 2016 y 2040.
Una oportunidad para cambiar el rumbo
Las reuniones en Ginebra simbolizan un cambio crucial en el combate contra uno de los problemas ambientales más urgentes de los últimos años. Ante la expectativa de un incremento del 50% en las filtraciones de plástico hacia el entorno para el 2040, se hace imperativa una acción global que sea coherente y obligatoria.
El propósito común es evidente: establecer una base sólida para una conversión global hacia modos de producción y consumo que sean más sostenibles, disminuir la dependencia en plásticos y proteger la salud del planeta y de las futuras generaciones. La comunidad internacional enfrenta una oportunidad única para promover un cambio estructural que frene el progreso de una crisis que ya no puede ser ignorada.

