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Iberdrola vende su filial mexicana por 3.700 millones a Cox y se enfoca en redes en EE UU y Reino Unido

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Iberdrola ha completado la venta de su subsidiaria en México por cerca de 3.700 millones de euros, en una transacción que señala un cambio estratégico en sus prioridades globales. El comprador es el fondo de inversión Cox Energy, que ahora toma el control de una porción importante del portafolio energético de la compañía en México. Esta operación se considera uno de los movimientos más significativos del sector eléctrico en América Latina en los últimos años.

La transacción incluye un total de 13 centrales de generación de energía, con una capacidad instalada conjunta que supera los 8.500 megavatios. La mayoría de estas instalaciones funcionaban bajo el esquema de Productor Independiente de Energía (PIE), en colaboración con la Comisión Federal de Electricidad (CFE), lo que había ocasionado tensiones con el gobierno federal debido al modelo de participación privada en el sector eléctrico de México.

Con esta venta de activos, la compañía energética global pretende enfocarse en áreas donde sostiene operaciones estratégicas de redes y energía renovable, sobre todo en Estados Unidos y Reino Unido. Estos dos países representan hoy en día sus principales proyecciones para el futuro, alineándose con las metas de descarbonización y actualización de infraestructuras eléctricas que impulsan las administraciones correspondientes.

La operación se enmarca en un contexto de creciente presión del gobierno mexicano para recuperar el control del sistema eléctrico nacional. Aunque la administración ha asegurado que se respetan los contratos vigentes con empresas extranjeras, también ha reiterado su interés en fortalecer la participación del Estado a través de la CFE. En ese sentido, la salida parcial de Iberdrola ha sido interpretada como una respuesta pragmática ante la complejidad del entorno regulatorio y político del país.

Desde el punto de vista financiero, la venta supone una importante entrada de recursos para la empresa vendedora, que podrá utilizar ese capital para fortalecer su expansión en segmentos de redes inteligentes, almacenamiento y fuentes renovables. El grupo había venido manifestando en los últimos años su intención de redirigir inversiones hacia proyectos que le permitan aumentar su rentabilidad y contribuir de manera directa a la transición energética.

Por su parte, Cox Energy asume un papel relevante en el escenario energético regional, ampliando su presencia en el mercado mexicano con activos operativos y contratos consolidados. El fondo, de origen iberoamericano, ha venido expandiéndose con rapidez en América Latina, especialmente en los sectores solar y eólico, y ahora da un paso decisivo al convertirse en uno de los principales operadores eléctricos en el país.

En el ámbito político, esta transacción ha provocado impactos significativos. El gobierno la ha elogiado como un paso adelante hacia una mayor “soberanía energética” al disminuir la participación de compañías extranjeras en la producción eléctrica. Representantes gubernamentales señalaron que, aunque la entidad compradora es privada, la estructura de los contratos permite una mejor alineación con las metas nacionales en cuanto a seguridad energética y tarifas accesibles.

Los expertos en el sector creen que esta transacción indica una tendencia mundial donde las grandes empresas de energía están ajustando su presencia global, enfocándose en mercados con estabilidad y normativas predecibles. De este modo, Estados Unidos y Reino Unido se destacan como ubicaciones estratégicas para empresas como Iberdrola, que persiguen escenarios favorables para expandir redes avanzadas e incorporar energías limpias.

Aunque la empresa ha reducido su presencia en el mercado mexicano, no cesará totalmente sus actividades en el país. Seguirá administrando algunos activos y participará en ciertas áreas, aunque con una orientación diferente y menos enfocada en grandes contratos institucionales. Esta reestructuración estratégica se debe a motivos tanto políticos como económicos, buscando optimizar la eficiencia en la distribución de recursos a nivel mundial.

Por Lourdes Solórzano Hinojosa